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jueves, 16 de diciembre de 2010

Cuento sin nexo con la vida real


Erase una ves un pequeño caballero que siempre fue heroico, abnegado y dadivoso, pero mientras mas combatía la corrupción y la depravación iba aprendiendo más de ella hasta que llego el punto que la supo ocupar a su antojo y decidió combatir fuego contra fuego, así que dejó atrás los métodos ortodoxos que solía ocupar y en lugar de combatir a las malas personas, las acosaba hasta que hicieran algo indebido, para torturarlos y enfrascarlos en terrenos muy cercanos a la locura.

Cada vez que cumplía con su capricho se sentía más poderoso, pues obtenía una nueva forma de hacer sufrir a las personas, y aunque él también era humano, se sentía superior pues la vida he integridad física y mental de los que lo rodeaban estaba en sus manos; su alma se había corrompido y disfrutaba su corrupción, hasta que se dejó seducir por una náyade, que dulcemente le ofreció rescatarlo de su inminente perdición y bajo los terribles y desconcertantes encantos del amor, el pequeño caballero que casi había completado su ruin y demoníaca transmutación creyó tener una esperanza de redención, así que le confesó sus pecados y demonios a la nayade y los encerró dentro de un baúl en lo más profundo de su corazón.
La náyade lo comprendió perfectamente y le dio amparo y refugio de sus tribulaciones, pero la náyade era custodiada por un cerberos que, pese a su apariencia demacrada he inofensiva, sabía que el camino más rápido para perder a la que había sido su única compañía era dejar que el caballero recuperara la paz que él mismo se había negado y que por fin reencontraba en los brazos de su amada, así que se retiró y esperó el momento propicio para soltar su ponzoña sobre la frágil calma del caballero, que sin saberlo le dio demasiada influencia sobre la náyade, hasta que el cerberos se decidió a envenenar una daga y dar muerte a uno de los dos amantes, y su elección fue el caballero.
Como en innumerables batallas, él esquivó la daga, pero tanto tiempo de vida apacible le habían hecho perder condición así que de igual forma recibió una pequeño corte cerca de su corazón.
El veneno fue paulatino y eficaz, dando necrosis a las cercanías del corazón del caballero, hasta que la presencia del veneno fue innegable para el mismo, pero que para no asustar a su amada, prefirió guardar silencio con la nayade
Cuando el caballero se enfrentó a esta situación se percató de que si no removía su corazón de la posición original se contaminarían las impurezas que lo habían corrompido en primera instancia, pero mientras él divagaba en sus pensamientos, el veneno se introducía lentamente por la cerradura del baúl donde yacían reposando sus calamidades y que una a una fueron siendo llamadas a la vida por el olor implacable de la necrosis, pero conocían las intenciones del caballero, así que decidieron que guardarían silencio hasta que el momento fuera oportuno.
Sin saberlo el caballero empezó a adoptar conductas que nunca había mostrado frente a su amada, y esto a la vez que alarmó a la doncella, la cautivó y le mostró un mundo que ella desconocía y que la ilusionó como la forma de sanar a su caballero, lo que finalmente la corrompió también a ella.
Cuando el cerberos trató de repetir su racha de suerte el caballero desató toda su bestialidad sobre el desafortunado ser, demostrándole que contra él poco y nada era lo que podía hacer, pero como la conducta del caballero involucionaba de acuerdo a la influencia diabólica en su corazón, se desenvolvía de una forma cada vez más introvertida y sombría, lo que dejaba una amarga impresión en la náyade que pensaba que su caballero ya no la amaba con la misma fuerza con la que lo hizo en el principio, pero el caballero se comportaba de esta forma porque sabía que algo no andaba bien y quería alejarla del peligro que significaba estar a su lado en caso de que sus mas obscuros deseos dieran rienda suelta a sus vejámenes; esta ocasión no fue desaprovechada por el cerberos, pues cada ocasión en la que encontraba sola a la pobre náyade lanzaba sus palabras ponzoñosas sobre aquella frágil mente, hasta hace tan poco inocente y pura; esto claramente trajo consecuencias, pero no las esperadas por el cerberos que creyendo que su labor era impecable, llenaba de soberbia la mente de la doncella y la hacía alimentar un odio irracional que no tenía ningún objetivo sobre el cuál descargarse. Cada día se hacía más insufrible la condena sobre estos tres minúsculos seres, y junto con el tiempo también aumentaba el odio ciego de la doncella, los deseos  prohibidos del caballero y la desencarnizada locura del cerbero. Hasta que finalmente llegó un momento en donde la tensión se hizo insoportable y el cerbero desencadenó su rabia contra el caballero; el caballero a su vez respondió con una ferocidad y una brutalidad irreconocibles en su persona y la náyade simplemente arremetió contra los dos en una guerra sin cuartel que nunca nadie comprendió.
Las pérdidas fueron cuantiosas para todos: el cerberos al verse acorralado y sin el apoyo de su querida náyade, se enclaustró en lo más profundo del infierno, sin volver a decir ni una sola palabra coherente y dando dentelladas rabiosas a cuanto ser viviente se acercara a él; la náyade corrió detrás de su guardián, pero perdió el rumbo a mitad de camino y pereció a escasos centímetros de llegar al averno por lo que su alma quedó condenada eternamente a un claustro post mortem, donde no podía acudir a sus recuerdos, a sus emociones y ni siquiera a sus sentidos, por lo que solamente se le ve como una alma enajenada de la realidad e indefensa en apariencia, pero que si algún desafortunado ignorante trata de tocarla o es conmovido por su invaluable belleza caerá en una irreversible locura y divagará dentro de su mente en un profundo coma que finalmente lo llevará a su destrucción; el caballero como es natural siguió el rastro de la náyade, y a causa de sus conocimientos previos sobre lo que al mundo concierne se mantuvo a la distancia suficiente como para no sucumbir ante la presión causada por el infernal portal que ante él estaba, por lo que fue testigo presencial de la muerte y condena de su amada y lloró desoladamente hasta el punto de pensar en arrojarse a los abismos del hades, pero alguna extraña fuerza lo detuvo en el momento oportuno y más por temor a la muerte, que por amor ala vida decidió volver al mundo y seguir implementando su estilo de vida, dispuesto a pagar el precio que ello conllevaba.
Un día en que el caballero se cuestionaba si sería correcto seguir implementando sus métodos de tortura ,ya clásicos para él, o si correspondía que le diera un mejor uso a su espada y en vez de dar un solo corte mortal a sus contendores sería más práctico desmembrarlos para que su muerte fuera digna de ser recordada, cuando encontró en su camino un pequeño obstáculo que en apariencia sería algo banal he indigno: era una pequeña botellita de surtidos colores y decorada con cristales que hacían que independiente de su tamaño cualquiera que tuviera ojos notara su presencia. En la botellita había un liquido púrpura que parecía veneno, pero que en realidad era una droga que causaba aletargamiento y enajenaba al consumidor de sus sentidos, sumiéndolo en un estado de sopor que de no ser atendido producía la muerte; esta extraña pócima pertenecía a un hipogrifo que solía devorar personas en un bosque cercano. El caballero sospechó algo extraño sobre la botella, pero prefirió ignorar a sus emociones y le dio un poco de aquella extraña poción a su caballo para ver que efectos tenía, así descubrió sus propiedades y pensó en aplicarla sobre sus heridas para que no le molestara el dolor durante sus interminables batallas. Esta decisión llevó al caballero a depender del brebaje y a descubrir que su verdadero dueño lo buscaba como maniaco porque sólo con él podía conciliar el sueño que le negaban sus heridas, así que cuando vio que el contenido de la botellita comenzaba a menguar partió en busca del hipogrifo decidido a conseguir como mínimo la manera de obtener la fórmula para preparar tan útil pócima.
Cuando finalmente encontró la guarida del mítico animal pudo apreciar porque el hipogrifo anhelaba tan desesperadamente la poción: el animal tenía una flecha envenenada incrustada en el pecho muy cerca del corazón y cada día sufría más por ello y como no tenía pulgares no podía sacársela él mismo. El caballero recordó de inmediato el veneno del cerberos y toda su sangre hirvió en una oleada de frío odio que lo recorrió de pies a cabeza, pero a pesar de todas sus ansias de dar muerte al animal se contuvo, pues de nada le servía la criatura muerta sin haber obtenido antes lo que buscaba, así que penetró en la cueva con una determinación férrea y se presentó ante el animal, que casi de inmediato tomó una posición defensiva alertado por la presencia del intruso y al observar que era un ser humano se relajó y se sintió fuera de peligro, pero el caballero no tenía menos sosiego que la bestia, pues conocía la situación en la que se encontraba y también tenía bastante claro que él no era un humano normal.
A conciencia de esto el caballero comenzó su solicitud ante lo que el animal explotó en carcajadas y le preguntó si tan poco valía su vida que estaba dispuesto a irrumpir en la cueva de un animal que desayunaba aldeanos, a lo que el caballero simplemente respondió que o salía de la cueva con la fórmula o con su cabeza.
El hipogrifo, irritado por la ofensa, saltó sobre el caballero y de un zarpaso quiso destrozarlo; mas grande fue su sorpresa cuando el caballero detuvo su pesada garra a mano desnuda y sin siquiera retroceder un paso de su posición inicial. Al comprender que no se encontraba frente a un ser humano corriente el hipogrifo quiso apelar a la ignorancia del caballero, y le entregó la fórmula de un potente veneno usado para envenenar dragones. El caballero desconfiando de la bestia intuyó que no sería tan sencillo quitarle algo tan valioso de una forma tan vulgar, así que  le dio un poco a su hidalgo corcel, observando como respuesta inmediata lágrimas de sangre en los ojos del animal y luego un desmembramiento producido por la repentina y exagerada baja en la temperatura del noble animal: se había congelado desde el interior y al cabo de unos 20 segundos no era más que un montón de hielo rojo sobre el piso de la caverna, ante esta situación, el caballero desenfundó su espada y antes de que el hipogrifo se percatara el caballero le había sacado un ojo y rebanado una pata.
Pasmado ante el repentino salvajismo, el hipogrifo le rogó que no continuara, que prepararía el brebaje y que él mismo lo bebería pues el dolor de su ojo se hacía insoportable.
El caballero, mientras el hipogrifo preparaba el elixir, meditaba cuidadosamente la situación que acaba de acontecer ante sus ojos, hacían años que su único compañero era ese caballo, le había sido muy útil y dudaba volver a encontrar una bestia más idónea para una empresa como la suya, también se cuestionó el porqué de su reacción, pues acostumbraba ser un tipo discreto y paciente con tal de no levantar sospechas acerca de su inmensa cantidad de crímenes, pero recordaba con fervor el modo como había obtenido tan noble corcel.
Hacía ya mucho tiempo, antes de asumir su deshonrosa labor, él había tenido un amigo, un compañero fiel, dispuesto a dar la vida por el caballero y sus causas, pero aquel noble amigo fue corrompido por una enfermedad, una demencia tal que lo iba convirtiendo cada día en un ser ermitaño y huraño de la sociedad, un ente que creía ser la causa de que la sociedad se corrompiera a su alrededor, ante tal premisa el caballero decidió encontrar una cura para tan noble alma, pero por mas que se abnegó a tal tarea no pudo dar con la respuesta que buscaba. Sin embargo oyó de una gárgola que vivía en lo alto del campanario de un viejo castillo que podría orientarlo en su búsqueda, el caballero fue en busca de la criatura y la encontró, era un animal noble y sencillo, pero más sabio que cualquier humano que él hubiera conocido, de esta forma la gárgola meditó sobre el caso que el caballero le presentaba y le dijo que al cabo de una semana su amigo moriría, pero que para evitar tal desgracia él debía llevarlo a la torre y ella personalmente lo cuidaría, por la desesperación el caballero aceptó y fue en busca de su amigo, pero si el camino de ascenso al castillo era difícil solo, con un peso muerto a sus espaldas era casi imposible, lo que resumiendo le llevó al caballero 3 días con sus respectivas noches. Cuando el caballero alcanzó la cima de la torre la gárgola lo recibió y atendió a los hombres por igual; trató la fatiga y deshidratación del caballero y la enfermedad mental de su amigo y al cabo de 5 días los dos se recuperaron, pero la gárgola le advirtió al caballero que su amigo debería permanecer un poco más de tiempo en la torre para asegurarse de que no sufriera una recaída y para que la tarea de visitar al enfermo no fuera tan ardua como antes el enfermo en cuestión le concedió al caballero su caballo más fino he hidalgo para que no volviera a pasar por los tormentosos tramos de la corrupción física sin que fuese necesario.
Con el tiempo visitar al enfermo en su custodia se hizo rutina, por lo que al transcurso de 3 meses el caballero consultó con la gárgola el porque no daba a su amigo la libertad que merecía, a lo que la gárgola respondió que cumplía una misión para su difunto amo y que había pasado tanto tiempo encerrada en la torre custodiando la petición de él que ya no podía salir de la misma porque nada sabía hacer para conservar su honor que seguir las ordenes de su amo y eso había permanecido haciendo durante casi toda su vida, el caballero impresionado le preguntó que como era posible que en tanto tiempo la inanición no hubiera acabado con su vida y ella le confesó que en primeras instancias la familia del difunto se preocupaban de mantenerlo como pago a su noble obra, pero que con el tiempo la habían abandonado y que ahora solo dependía de lo que la caridad de las personas que le consultaban le concediera, y que ante tales circunstancias había encontrado en su amigo un consuelo a su soledad y que no tenía ni la menor intención de despedir tan pura compañía.
Al ver un atisbo de locura en la gárgola el caballero calló en pánico, pero no lo expresó y desafió a la gárgola a enfrentarse en duelo en la cumbre de la torre para reclamar lo que ella le había robado, así que una ves ambos estuvieron armados para la batalla se dispusieron en la azotea a luchar solo con la bravura de sus corazones y el filo de sus espadas. Una ves comenzado el combate la gárgola tomó inmediato control de la situación y acorraló al caballero hasta saberlo totalmente perdido, el caballero cansado y herido lloró por no haber podido defender la amistad que tanto apreciaba, pero no contaba con que la pelea estaba siendo apreciada por su amigo y que al ver el peligro que corría el caballero y el dolor que le provocaba la derrota corrió en pos de la gárgola y antes de que esta se percatara la apuñaló con la espada que había sido de su amo, pero la gárgola lo sujetó en el aire con su endiablada cola y ambos se despeñaron de la azotea de la torre más alta del campanario del viejo castillo, dejando al caballero solo y apunto de morir.

Al percatarse el infortunado caballero que su más amado amigo había perecido por salvarle a él sintió deseos de haber sido él el difunto en lugar de su amigo, pero ya lo hecho hecho estaba y nada sacaría llorando sobre la leche derramada.
Al llegar a este punto de sus memorias el caballero volvió a sumirse en la realidad de la caverna junto con el hipógrifo que desde hacía buen rato observaba que el caballero se encontraba embobado en sus pensamientos, pero prefirió no escapar pues sabía que de hacerlo moriría de forma segura.
El caballero en cambio comenzó a observar atentamente cada uno de los movimientos del hipógrifo para asegurarse de que no fuera a filtrar veneno en el pequeño frasco que sostenía entre sus manos.
Al finalizar el hipógrifo su tarea le ofreció el frasco con su contenido al caballero que siempre con la desconfianza primero le dijo que no lo recibiría hasta que él mismo probara su medicina; ante esta respuesta los ojos del hipógrifo refulgieron con la más pura de las maldades reflejadas en ellos y bebió solo dos gotas del pequeño recipiente las que fueron más que suficientes para regenerar su garra, su ojo y su vigor y en menos de lo que se puede describir arremetió contra el caballero con una violencia que desbordaba los límites de lo real.
Cuando el caballero reaccionó el hipógrifo estaba demasiado cerca y lo único que logró atinar a hacer fue cubrirse con los brazos para recibir el descomunal golpe, una vez el caballero recibió el golpe fue a estrellarse contra el fondo de la cueva con tal violencia que su yelmo y su pechera se destrozaron y formaron de paso profundas heridas en su pecho y cuello, ante la prescecia de su propia sangre el caballero sintió como el odio inconmensurable lo invadía y desbordaba cada parte de su cuerpo, batallando por liberarse y saciarse en la sangre del insolente adeversario,pero el caballero procuró contenerse y dejó que la ira lo dominara, se dejó seducir por la oferta de muerte que se le ponía por delante y permaneció quieto en el suelo dando quejidos y esperando a que el hipógrifo los escuchara y cuando se acercara a finiquitarlo, él le daría una sorpresa... su última sorpresa.
El plan del caballero resultó a la perfección; el hipogrifo llegó a su lado, lo admiró, se mofó y lo golpeó y cuando estuvo completamente confiado de que el caballero no sería capaz de levantarse de nuevo se dispuso a darle muerte, pero al levantar la garra para dar el mortal zarpaso el caballero lanzó un rápido y certero golpe sobre la flecha que permanecía en el pecho del hipógrifo atravesando su corazón y recibiendo sobre sí mismo el pesado, pero hermoso cadáver de la bestia.
Por un momento apreció al magnífico animal que acababa de destruir y se sintió triste por no haber podido aliarse con tan perfecta quimera, luego cuando hubo pasado el estado de euforia volvió a la parte principal de la cueva y bebió una gota del contenido del frasco, que esta ves no era colorido y llamativo con el anterior, sino que de un rojo opaco y sobrio como la sangre.
Al ingresar el líquido dentro del organismo del caballero las heridas dejaron de sangrar y cicatrizaron, pero no se borraron y él entendió que tendría que llevar tales marcas hasta el día de su muerte pues este no había sido un combate comparable con alguno de sus anteriores batallas, esta había sido una ocasión que sería digna de recordarse incluso para el mismo caballero, pues incluso dentro de su propia alma las voces que le atormentaban habían empezado a respetarlo.
Al salir el caballero de la cueva del hipógrifo tuvo que cargar todo su equipamiento hasta el pueblo más próximo, pues como ya se sabe el caballo había muerto congelado.
Al momento de penetrar dentro de la ciudad el caballero escuchó el hermoso cantar de una doncella y esto le dio contentamiento y calma, con lo que decidió visitar al mandamás del pueblo para notificarle que el hipogrifo había perecido y para pedirle hospedaje mientras conseguía un nuevo corcel.
Cuando el caballero llegó a la casa del alcalde sintió que el volumen de la voz que había escuchado a su llegada iba en aumento y consultó a la empleada que lo recibió sobre la voz y sobre una entrevista con el alcalde; pero la sirvienta solo le dijo que el alcalde bajaría a atenderlo en un momento.
Apenas el alcalde lo recibió el caballero notó una conducta extraña en la conducta del anciano, pues titubeaba al mirarlo a los ojos y se paseaba de un lado a otro de la habitación sobandose las manos y distrayéndose con cada detalle que encontraba a su paso.
El caballero, como para distender un poco el ambiente, le consultó por la vos que se escuchaba de fondo y grande fue su sorpresa cuando el anciano levantó su cara primero roja de ira y luego pálida por haber mirado directamente a los ojos del caballero. Su tono de vos era apenas perceptible cuando respondió
-          Es una náyade que hemos encontrado al borde de la muerte en las cercanías y que hemos mantenido en la torre de mi vivienda durante algunos años
-          ¿ Y por qué no la dejáis en libertad amable anfitrión?-fue la respuesta del caballero
-          Por que ella misma ha solicitado permanecer aislada en la torre; dice que ha escapado del infierno y que algún tipo de demonio la quiere cazar.
Al oír esta respuesta el caballero sintió como su cuerpo se helaba y como su corazón se negaba a continuar latiendo y lo último que supo antes de desvanecerse fue al alcalde diciendo a su empleada que trajera al hechicero del pueblo.
Cuando el caballero recobró el conocimiento pensó que estaba en el infierno, pues la temperatura de su cuerpo era muy poco soportable, pero extrañamente lo hacía sentir poderoso nuevamente, como si hubiera perdido el veneno que lo consumía, pero cuando se incorporó y se aseguró de continuar en el mundo terrenal se percató de que su pulso había desaparecido y que donde estaba su corazón existía ahora un cristal con fuego en su interior, lo que le proporcionaba serenidad mental y espiritual y también calor y vida a su cuerpo.
Miró a su alrededor desesperado por una respuesta y lo único que encontró fue a un niño de pelo rizado, pero tomado en cola, un joven e apariencia tranquila que observaba atentamente el contenido del frasco donde el caballero almacenaba su tan preciada pócima, y al cabo de un rato la tomó entre sus manos y la arrojó a la hoguera.
Al presenciar esto el caballero encolerizó totalmente y aunque estaba parcialmente desnudo ante aquel sujeto tomó su pesada espada y arremetió contra el personaje en cuestión, pero como se encontraba débil todavía este lo esquivó sin ningún problema.
Al reincorporarse, el caballero observó que el joven tomaba asiento haciendo caso omiso de su reciente ataque y con vos calma y armoniosa le dijo:
-          No levantes tu espada contra el que de la muerte te ha regresado; tu corazón muerto estaba desde hace ya varios años y solo los demonios que en él habitaban mantenían la movilidad de tu cuerpo, ahora ya eres libre de ellos pues los he removido y he puesto en ti la vida a través de una guardiana que ha de acompañarte hasta que la cordura te abandone.
Al escuchar esto el caballero recordó la piedra en su pecho y escuchó un susurro desde la misma que le decía:
-          Sea cual sea el camino que escojas he de ir contigo para brindarte cuidados y mantenerte con vida, para sanar tus heridas cuando enfrentes alguna batalla y para brindarte calor cuando te abrume la soledad.
El caballero conmovido por las palabras que habían emergido de su interior quiso saber que o quien había sido el ente que las pronunciara, pero el hechicero le negó la información solicitada argumentando que cuando estuviera correctamente preparado, la vos misma se revelaría ante él.
Dando crédito a las palabras del hombre que le había regresado de la muerte, el caballero decidió emprender nuevamente su camino, pero recordó que no tenía caballo, así que volvió a hablar con el alcalde, pero ahora este se negó rotundamente a atenderlo pues decía estar seguro que el caballero no era humano, porque nadie antes había podido dar un giro tan drástico a su vida y su muerte en un par de días y curiosamente el caballero no sintió la ira ciega que tantas otras veces lo había dominado, sino un leve calor que lo recorrió por dentro y que le devolvió el color a la piel de su gutural rostro, pero no pudo asimilar la sensación que lo recorrió, así que finalmente la atribuyó a la misma ira, pero expresada de forma alternativa. Como ya era tarde y comenzaba a hacer frío, el caballero, que hacía bastante había olvidado estas sensaciones debido a su armadura, se prestó a buscar refugio, pues el viento comenzaba a tomar una fuerza devastadora, cuando de pronto se percató de que había olvidado el camino a la choza del hechicero, pero a la distancia divisó una torre que se erguía alba y soberbia sobre una pradera y sorprendentemente se divisaba una ventana desde donde se desprendía un haz de luz, así que encaminose el caballero en busca de refugio bajo la tempestad cuando encontró abierta la puerta de la torre, y sin pensarlo dos veces penetró en ella y subió en busca de iluminada habitación que se veía desde el exterior.
Cuando el caballero encontró la habitación se dispuso a entrar en la estancia, más un olor que él ya había percibido en ocasiones anteriores lo hizo espiar primeramente por la ranura y al ver lo que se encerraba detrás de la puerta, él palideció, sintió como la fuerza lo abandonaba, pero se resistió a caer, sintió que la sangre en las venas se le congelaba y sintió también que la fría y huesuda mano de la muerte intentaba oprimir su nuevo corazón, pero también opuso resistencia, como tantas otras veces se negó a obedecer a la muerte y continuó espiando por la ranura de la puerta, hasta que sin pensarlo entró con un estruendo en la habitación y su cerebro casi colapsó y sus ojos se humedecieron, mas no lloró, pues sabía que lo que en esa habitación se encontraba era únicamente y exclusivamente su responsabilidad.
El caballero, desarmado, desprotegido y con sus heridas frescas, simplemente se sentó y miró a los ojos a la criatura habitante de la torre, sintió su odio ciego por todo lo que tuviera vida dentro de si, sintió su aliento caliente y dulce en su cara y sintió como unas garras muy pequeñas y afiladas le desprendían de su ropa y cuando hubo estado completamente a merced de la criatura la encaró y le dijo:
- Yo presencié tu muerte, fui testigo de tu defunción y sufrí por ello ¿cómo es que entonces vuelves a morar entre los vivos?
Y la náyade respondió:
- Aprendí de ti como fortalecerme con las vidas que destruyes, aprendí de ti a mutar mi dolor en odio y el odio en poder, fue solamente cuestión de matar a Lilith en el infierno y heme aquí, después de años de espera por fin frente a ti, para llevarte a ser grande, para poner el mundo a tus pies y hacer realidad incluso tus deseos más profanos; porque quiero que sigas adoctrinándome, mi maestro.
El caballero se sintió vigoroso otra vez y a tirones desvistió también a la náyade, viendo así que todavía conservaba algunas de las cicatrices que el infierno había dejado en ella, pero pronto descubrió que realmente fue Lilith, dueña del tercer circulo del infierno, señora de la lujuria y la perversión, la que había conseguido victoria frente a la Náyade y que ese ser angelical que él había conocido y amado no volvería a existir nunca más.


Cuando solo los pantalones cubrían su humanidad el caballero comenzó a besar a la impostora y le dio la total certeza de que había caído en su ardid; sin embargo al tenerla completamente a su merced, escuchándola mencionar su nombre y sintiendo sus manos arañándole la espalda y jugando con su pelo, el caballero titubeó frente a la idea de destruir el cuerpo de aquel ser que en algún momento él había venerado con toda su alma y se dispuso a ser vencido por la demoníaca tentación que se le presentaba.
Cuando sintió la voz angelical de su primer gran amor que le rogaba terminara con la corrupción y la depravación en el que había caído su otrora personificación para así poder dejar de sufrir el tormento de sus errores en vida y descansar finalmente junto a su recuerdo
Ante tal petición el caballero simplemente recuperó sus cabales y le dijo adiós en un susurro apenas perceptible al rostro de su amada náyade y asumió lleno de pesar y tristeza que nada de este mundo ni de ningún otro podría volver a reconstruir un amor tan avasallador como el que ya había perecido y que solamente mirando hacia lo que tendría que enfrentar en el futuro podría continuar creciendo y tratando de enmendar sus crímenes y las atrocidades que tanto tiempo había sembrado a su paso, así que con la mano temblando, pero con una convicción inquebrantable dio muerte al poseído cuerpo de su tan adorada náyade y cuando solo se hubo cerciorado de que su amor original descansaba le dio sepultura y reposo a tan abatido y maltratado cuerpo.
Al terminar los procesos fúnebres a los pies de la torre, el caballero nuevamente se deprimió y acarició tristemente la idea de que su presencia en este mundo era meramente causalidad del capricho de alguna estrella demoníaca que deseaba verlo sufrir; empuñó su espada y puso el extremo libre sobre su cuello (pues como ya se mencionó su corazón fue reemplazado por un cristal que lo mantenía vivo gracias a la magia de un extraño hechicero que se compadeció de él cuando ya la muerte lo había reclamado) y con voz temblorosa y lágrimas en los ojos le dijo al viento :
- Nada me ata a este mundo, pues dentro de mi no florece el amor ni ninguna emoción que me haga desear la vida.
Y apenas cayó una gota de sangre de su cuello el cristal de su pecho resplandeció, las fuerzas le abandonaron, un calor abrasador recorrió su cuerpo y la voz proveniente del cristal le dijo:
-Yo te mantengo ligado a la vida y para acabar con tu vida debes exterminar primero mi fulgor, puesto que hasta este momento me has ignorado y me has visto como un simple objeto, pero más allá de lo que tu ves está mi mundo y es tiempo de que conozcas la verdadera importancia de tu vida para mi.
Una vez dichas estas palabras el caballero se encontró frente a una criatura de rasgos tan delicados como en su vida había visto y con un cabello como el fuego que inmediatamente reconoció como la personificación misma del fénix...
Pero el Caballero no pudo soportar la presencia de tanta belleza y sobreseído por una indescriptible tristeza negó lo que sus ojos veían y lloró amargamente, cuando al reencontrarse de nuevo a los pies de la torre, se percató que la vos no le respondía y que el calor que antes hubiera emanado el cristal ya no existía, que el fénix le había abandonado según su propia elección, pero que había dejado tras de sí el regalo de la vida para que el caballero lo administrara, en nombre del amor que le profesaba.
Autor:    Aaron  Ariel Valenzuela Aguilera

1 comentario:

  1. después le leerla, me nacen mucha preguntas para el autor , querido amigo autor de este cuento fantasioso con palabras tan rebuscadas como es de su costumbre.
    a pesar de todo muy buena historia, aunque parezca raro por mi continuaría leyendo tal historia, soy una seguidora de estos cuentos de fantasía y amor. y me encanto tal creación hecha por usted amigo mio. Lo publique porque es bien interesante y espero no olvidadla por lo cual lo respaldo subiéndola aquí por si casualidades de la vida se borra de mi pc.

    sin nada mas que comentar, me retiro-

    INCONCLUSA

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